martes, 14 de febrero de 2017

Feliz San Valentín.

El catorce de febrero

nadie pudo imaginar

la tragedia del soltero

que se iba a avecinar.

Que con la soga en mano

y la silla preparada

escribió, y no en vano,

una carta inesperada:

"Yo te quiero más que a nada,

pero el "tú y yo" ya no está.

Es para ti, mi enamorada,

lo que escribo al compás.

Entre lágrimas y tinta

pongo fin a mi pesar,

pues mi alma ya está extinta

y se hunde en este mar.

¿Qué sentido hay en la vida,

si mi vida eras tú?

¿Quién me cura las heridas;

quién me alumbra con su luz?

Tan perdido en este mundo

que no lo puedo aguantar.

Como un loco dando tumbos,

mi sufrimiento va a acabar.

Ahora voy a despedirme,

pero antes quiero decir:

Gracias siempre por cubrirme

sin tenerlo que pedir.

Gracias por estar conmigo

en lo bueno y en lo malo;

por servirme como abrigo

cubriendo heridas del pasado.

Por quererme estando ciego

y no ver la realidad.

A ti, Musa, te lo ruego,

que me lleves con piedad.

Que no hay nada más hermoso

que esos besos en silencio;

que fue un tiempo precioso,

pero con esto sentencio

el final tan esperado

que nadie quiso imaginar.

Créeme, me ha costado,

pero es mi hora de marchar".

Con estos pocos versos

que salen del corazón

el Soltero mandó besos,

y a Dios rogando perdón,

dio el salto del final

en busca de una salida.

Y con este acto letal,

"Hasta siempre, Valentina".