Enloquecen las palabras
que condenan mi garganta;
que están presas entre barras,
que a quien no asustan, espantan.
Que quererte fue muy duro,
y yo muy blanda al creerme
que sortearía ese muro
cuando me choqué de frente.
Que tengo un gato que araña
con sus garras venenosas
desde dentro, las entrañas,
llantos de agua ponzoñosa.
Que lo siento por fallarte,
por decirte que jamás
sería capaz de dejarte,
pero te he dejado atrás.
Que lo asumo con desdicha
y desdigo mis razones,
que quisiste meter ficha
en un póker de corazones.
Que he llorado fuerte y grave
y desgarrado el corazón;
tales lluvias son la clave
de la envidia del monzón.
Era un amor tan corrupto
que joder, quién lo diría,
que era tuya, eso seguro:
pero ahora soy solo mía.
viernes, 27 de julio de 2018
21:56
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