Son mis noches tan lúgubres,
de ciprés tan alargado,
de luna que en mi mar riela
y me hace ciega de mi sombra.
Escribí mil rimas
que convirtieron en leyendas
a las oscuras golondrinas,
que se sumieron en la nada.
Que soy hija de la ira,
sobre los ángeles espero,
sin mi sombra ni paraíso.
Y siendo ibera yo no canto,
¡soy un alma sin poeta;
sin Nueva York ni vals en Viena!