Tenía cara de poema, pero no era poesía;
ella era como una gema, con una muerta alegría.
Sabía de las estaciones; siempre era abril en sus ojos,
rompía corazones, y pagaba sus enojos.
Siempre quería más, nunca era suficiente,
acostumbra a ir por detrás diciendo que es diferente.
Miente;
daña pero nunca se arrepiente.
Miente;
es igual que el resto de la gente.
Te puede apuñalar con su lengua afilada,
y se puede suicidar, terminando envenenada.
No importan los demás, solo importa su reflejo,
pero luego echa de más a la que ve en el espejo.
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