martes, 12 de junio de 2012

¿Lo notas?

Notas que tu respiración se acelera, tu pulso, tu corazón. Notas como la sangre te duele en las venas, notas como empieza a formarse ese nudo en tu garganta que te impide hablar. Notas como se clavan las miradas, ingenuas, piensan que no duele que te miren de ese modo. Notas como tus ojos se empañan, como empiezan a aflorar las primeras lágrimas. Notas esa congestión al intentar contenerlas, el impetuoso dolor de cabeza. Notas la presión de tu mente, incitándote a huir, ahí mismo. Dejarlo todo atrás. Olvidarte de el pasado. Notas el orgullo, punzante, grita por encima de tu mente y te suplica quedarse. Es como un debate entre tu ángel y tu demonio, no sabes a quien obedecer. Notas como las miradas descienden su intensidad, notas que la gente se dispersa y cuando notas que nadie te observa, una cálida lágrima desciende por tus mejillas, y ya no haces caso a la razón ni al orgullo, si no al corazón. Notas las miradas, notas las lenguas punzantes que hablan sin saber. Notas el nudo en la garganta más grande. Notas como tu cuerpo reacciona y mueve tus piernas a un lugar, lejos de allí, lejos de la gente, lejos del mundo. De las miradas dolorosas, de las voces insípidas. Una vez lejos, notas las lágrimas caer. No son tan molestas como esa irritante maraña de problemas que anida en tu garganta. Notas como éstas descienden. Notas el fuerte dolor de cabeza causado por las arrugas de tu frente formadas por sollozos incontrolados.
Y notas como, poco a poco, las ganas de llorar se desvanecen. ¿Será que has gastado tu cupo de lágrimas?

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