Era una chica normal que nunca tuvo complejo alguno. La típica niña de cinco años, rubia y con ojos azules. De pequeña estatura, pero de gran valor. Pero ella vivía como en aquel juego de ordenador al que solía jugar; tenía varios miedos asociados y otros tantos deseos. Su mente funcionaba como memoria RAM y su corazón era un disco duro, por eso decía que no la era fácil olvidar.
Sus padres comentaban continuamente que querían cambiar de domicilio, cosa que a Sonia no le agradaba, y uno de sus miedos cambió por el de ir a vivir a otro lugar. No fue hasta sus siete años cuando eso ocurrió, a Sonia se le había realizado un miedo y ninguno de los deseos que conservaba. Ella era pequeña, pero muy lista. No quería permitir que esa casa fuese vendida, y menos irse del lugar en el que había nacido. Hablando sola, mientras acariciaba el pomo de la puerta, se juró en voz alta que no permitiría que aquel piso en el que vivía se le fuera arrebatado. El tiempo pasaba y varias personas fueron a ver el piso. Sonia solía sentarse en el pasillo en posición fetal, previamente, había mojado uno de sus dedos en agua y había permitido que las gotas cayesen dentro de sus ojos, provocando así una cierta irritación que enrojecería sus ojos y estimularía sus glándulas lacrimales, las cuales producirían lágrimas, con el fin de aliviar el escozor y picor.
Cuando la gente la veía allí, sentada en el suelo, “llorando”, perdían el interés por la casa. Se ve que Sonia ya tenía conocimiento de la sensación que puede causar ver a una pequeña niña llorando, sea cual sea el motivo.
Ella estaba cada vez más a punto de cumplir su deseo destacado, pero no pudo realizarlo: Tras la finalización de su horario escolar, Sonia se fue a comer a casa de su amiga Virginia. Lo que ella no sabía era que ese día, a esa hora, iría el matrimonio recién casado que la arrebataría su casa. Cuando volvió a ésta y vio como sus padres estaban quitando el cartel de “Se vende”, se alegró. Una sensación de alivio inundó su pequeño cuerpo. Entonces preguntó el porqué de quitar el cartel, estaba ansiosa por oír que ya no se mudaban, lo deseaba, pero eso no fue lo que escuchó, sino un feliz “¡vendido!” acompañado de una amplia sonrisa de su madre. A Sonia no le hizo falta fingir las lágrimas, esta vez eran reales. Sus padres intentaban consolarla diciendo que iban a ir a una casa mejor, que haría nuevos amigos y mejores, pero Sonia no podía aceptarlo. Estaba triste, furiosa, llena de rabia. Se sentía inútil, estúpida.
Llegó el odiado 14 de agosto, día en el que harían entrega de la casa al matrimonio, y a ellos de la suya nueva. Durante la entrega, lloró, gritó y pataleó. Se negaba continuamente a aceptarlo, mas se conformó con ver el dolor en los ojos de sus compradores al verla llorar por la casa, se sentían mal. Ella pensó que no podrían aceptar la llave, pero, como solía ocurrirle a Sonia, pasó lo contrario. La aceptaron y ellos se fueron de casa, del centro de Madrid, a un pueblecito de la zona Norte.
Lo único que recuerda Sonia de ese día es su insomnio nocturno (el cual se quedaría durante, seguramente, toda su vida) y las muestras de dolor en la cara del matrimonio. Luego, despertó en su nueva habitación, sobre una cama que no era la suya antigua, sino una dura cama que sus padres compraron con el fin de que tuviese una buena postura cuando creciera. Decidió abrir las ventanas y observar que paisaje la deparaba. Sonia no se lo esperaba, era sorprendente. Grandes trozos de campo, repletos de flores silvestres, sobre todo amapolas. Se veía, desde allí, la sierra de Navacerrada. En un lejano punto del campo que divisaba, se veía a un pastor con un rebaño de ovejas. Era una visión sorprendente, Sonia estaba fascinada.
Pasó agosto, y llegó septiembre. El comenzar el colegio no supondría problema para ella, puesto que los niños pequeños se hacen amigos en breve. El primer día de clase se sorprendió al no ser la única nueva. Otra chica, Tamara, también llegó nueva a clase.
Transcurrieron los tres primeros días genial, se llevaba bien con todos sus compañeros. Eran 16 en clase, contando con la profesora. 15 nuevos amigos con los que se llevaría bien durante muchos, muchos años. Hasta que un día, uno de sus compañeros, Francisco, le dijo a Sonia: “al principio nos pareciste un poco fea, pero ya nos estás pareciendo más normal”. Desde ese día, Sonia no volvió a ser la misma. Empezó a preocuparse muchísimo más por su aspecto, a acomplejarse. Se empezó a ver gorda y disminuyó su cantidad de comida. Poco a poco, el problema pareció ir pasando y Sonia ya no prestaba atención a su físico.
Pasaron los años y Sonia entró al instituto. En su clase coincidió con la chica que, en el colegio, ya tenía fama de ser muy ligera de cascos, se llamaba Jessica. También coincidió con otra chica de la misma clase que Jessica, se llamaba Carlota. Carlota siempre había sido la primera de clase y era muy inteligente. Perdió contacto con los que eran sus amigos de toda la vida, puesto que los que fueron destinados a su mismo instituto estaban en otra clase, y Manolo ni si quiera había logrado llegar a éste. Con Irene no perdió tanto contacto, puesto que era su vecina y su mejor amiga pese a que estaba en otra clase. También conoció a Jennifer, otra chica que había conocido en clase. Carlota, Irene, Jennifer y Sonia se hicieron muy amigas. Transcurrió el curso y Sonia se vio obligada a ir a los exámenes de recuperación de septiembre, donde aprobó y pasó de curso.
En segundo de ESO volvió a coincidir con Carlota, Irene seguía en otra clase y Jennifer, apodada por ellas mismas y por el resto de la clase como “la choni” no pasó de curso, aunque tampoco la importó. Perdieron el contacto con ella, no se volvieron a hablar nunca, ni si quiera a saludarse.
Dios sabe por que, a Sonia la volvió el complejo que nació cuando tenía siete años, y se quedó allí cuando, al ir por el pasillo junto a Carlota destino a la clase de Irene, pasaron por delante de un grupo en el que habían dos chicos y una chica. Uno de los chicos dijo “mira, esa será tu futura novia” acompañado de una carcajada que siguió la chica, a lo que el otro chico respondió “no, tío, para ti las dos, que asco” esto lo dijo con una cara que expresaba desprecio hacia ellas, la cual Sonia avistó. Se puso a llorar para sus adentros, no quería ser así, no podía soportarlo.
Sonia comenzó a no querer ir a clase, a no poder ir a comprar el pan, a no mirar a la cara a la gente por miedo a que se riesen de ella. Sonia estaba loca.
Se volvió a ver gorda y dejó de comer. Conservaba su inteligencia y, para que no se notase, se metía la comida en la boca procurando mancharse mucho por fuera, para así poder coger una servilleta de papel y, mientras se limpiaba, escupir en ella la comida.
Sonia rozaba la anorexia y seguía sin comer. Encontró a un chico por internet un año menor que ella, que la quería y la dijo que era guapa. Sonia se alegró muchísimo y comenzaron a salir. Ella volvió a comer, era feliz, pero su alegría no duró mucho. Dos meses transcurrieron de que empezaron a salir oficialmente y su relación acabó. Ella estuvo llorando a escondidas durante varios meses, luego se la gastaron las lágrimas. Volvió a dejar de comer, regresaron sus complejos, hasta que volvió a llegar el 22 de abril, el día que harían un año juntos, el día que su nueva mejor amiga, Alicia, a la cual también había conocido por internet, cumplía años, el día que Sonia estaba completamente sola en casa. El día que fue a darse un baño caliente para intentar aliviar su dolor. Sonia estaba en la bañera, intentando liberar tensiones, pero se le pasaba una y otra vez el nombre de la persona a la que amaba por la cabeza y es que es imposible olvidar a alguien a quien tanto has amado. No podía más, seguía llorando, entonces tomó la decisión que determinaría su vida. Cogió su móvil y le envió un mensaje a Juan: “Puede que te parezca una locura hacerlo, o puede que te dé exactamente igual, solo quería decirte que lo siento y que te sigo amando, siempre lo he hecho. Feliz aniversario, cariño. Será el último que sufra por ti.” Segundos después de que Sonia enviase el mensaje, llegó su respuesta: “Sonia, ¿qué estás pensando hacer?” Cuando leyó eso ya no era ella, ya no iba a dar marcha atrás. Bloqueó el móvil y lo dejó sobre la tapa del inodoro, bajó a la cocina, chorreando agua por todas partes y cogió un cuchillo. Volvió a subir al baño y se metió en el agua nuevamente con el cuchillo. Era una locura, pero Sonia estaba decidida a hacerlo ya que Sonia estaba loca.
A sangre fía, se cortó las venas de ambos brazos. El dolor causado por estos cortes no es comparable al que mi corazón lleva sufriendo desde que me abandonó, pensó Sonia.
Ella ya estaba perdiendo el sentido, veía todo borroso, el agua se tiñó del color de la sangre que manaba de sus muñecas. El móvil sonaba a su lado, pero ella lo oía tan lejano… Giró la cabeza para ver quien llamaba, y vio que era él. Hizo acopio de sus últimas fuerzas, y con las manos ensangrentadas y ésta sin dejar de fluir, descolgó el teléfono y puso el altavoz. Sonia estaba agonizando, rozaba la muerte, escuchó la voz de Juan malamente: le decía que no hiciese una locura. Sonia comenzó a reír frenéticamente, Juan no entendía esa risa en un momento así. Imploró a Sonia que no se suicidase, pues el bien conocía sus intenciones. Entonces Sonia, con sus últimas fuerzas, se levantó de la bañera y, con su propia sangre, escribió en la blanca pared del baño: “22/04, no lo olvido.” Y volvió a meterse en la bañera. Volvió a escuchar la voz de Juan, gritaba su nombre desesperadamente repitiéndola una y otra vez que no se suicidase. Sonia sonrió y dijo “demasiado tarde…” dos lágrimas cayeron y su alma abandonó a su cuerpo.
Sonia realizó el acto más valiente que puede realizar un cobarde. Murió en pésimas condiciones, sonriendo por haber escuchado, por primera y última vez, la voz de Juan.

*_*
ResponderEliminarMe alegro de que te buste *-*
EliminarMe encanta la historia *-*
ResponderEliminarMe alegro mucho de que te guste *_*
EliminarJoder, que puta historia. He sentido los escalofríos y he sufrido con y por Sonia, a pesar de ser corta la historia. Deberías escribir más cosas así, eres increíble, fua. Ufff... Increíble.
ResponderEliminarMuchas, muchas, muchísimas gracias *-*
EliminarHe llorado. Tienes talento.
ResponderEliminarOh, mil gracias, de verdad :'3
EliminarDile a tu profesora de Lengua Castellana que ella carece de comprensión, porque se entiende perfectamente, y es precioso.
ResponderEliminarFelicidades por este relato tan bonito.