miércoles, 18 de julio de 2012

Cosas.

Dolor formado por rabia, impotencia, tristeza. Sentimientos que brotan en tu mente cuando te arrebatan lo que más te gusta y se te clavan en el corazón, creándote así un dolor constante. Sabías que podías hacer feliz a la gente con ello, eras feliz haciéndolo, estabas allí, a gusto, haciendo algo que amabas y al volver a tu hogar te encuentras con que ya no podrás hacerlo más. Nunca más. Las únicas palabras que rondan tu mente en ese instante son "¿por qué?". Preguntar el por qué es algo estúpido, teniendo en cuanta que, por mucho que formules esa pregunta, no encontrarás la respuesta adecuada. Una respuesta que te abra los ojos, que te satisfazca, pero no. Sabes que no. Que la respuesta solo puede causarte más dolor del que estás sufriendo, mucho más. Pero preguntas y te responden, te responden mal. Y ahora es cuando la tristeza te inunda y abandonas tus ojos a las lágrimas. Lágrimas de tristeza en las que también la rabia influye notablemente. Eras feliz, tienes derecho a ser feliz, ¿por qué te roban la felicidad de tal plumazo? Pretendes retirarte a tu dormitorio, a llorar. Entonces llega la impotencia y te empieza a pesar el cuerpo. Los hombros, las piernas, los párpados. No puedes más. Llegas a tu cuarto a trompicones: Te tumbas en la cama, repleta de dolor, a gastar toda tu rabia y tristeza. No quieres hablar con nadie, no quieres estar con nadie y te niegas a creer que esto haya podido suceder. Lloras hasta dormir, y cuando despiertas ya no te quedan lágrimas. La almohada, mojada, reposa sobre el colchón. Las sábanas empapadas y miles de pañuelos de papel que contienen mocos y, obviamente, más lágrimas. La impotencia no te ha abandonado y sigues notando que todo tu cuerpo pesa. Con el tiempo irás olvidándolo, pero no lo conseguirás del todo. Cada vez que veas lo que te quitaron, sea donde sea, llorarás inconscientemente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario