por las lenguas venenosas, por las alas cortadas,
las miradas evitadas porque los ojos ya no atienden,
los pensamientos cancelados porque el cerebro ya no aprende.
La poesía no ha muerto, ha sido asesinada
por los propios poetas, que ya no escriben nada,
por los lectores, que valoran más la marca de su ropa
que las buenas "tapas duras", o el teatro de Mihura
en "Tres sombreros de copa".
La poesía ha muerto, y murió junto con Bécquer,
con "A Lover's Complaint" de Shakespeare,
con los "Six Poémes" de Beckett.
La poesía no ha muerto, se terminó por suicidar,
porque en este mundo de locos,
lleno de gente cuerda,
cualquier poeta buscaría la suya
para ahorcarse con ella.
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