Como un invierno en Siberia,
su corazón era de hielo,
no amaba a nada ni nadie
con sus ojos color cielo.
En su interior una tormenta
con corrientes que rompían
sus zapatos de Cenicienta,
que, huyendo de sí, corrían.
Tras de mí,
tras de ti,
el pensar le confundía,
con una mente corrupta
por la falta de alegría;
es agonía del amante
despertarse cada día
recibiendo apatía
y un trato muy distante.
"Recuérdame", susurra
el viento, que murmura,
que te quiero, dulce y pura,
que te quiero, sin censura.
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