sábado, 11 de marzo de 2017

Monstruo.

Se perdía entre las dunas

de las curvas de miseria;

en las noches de mil lunas

donde reinaba la histeria.

Donde esconderse siempre era

la decisión más acertada,

pues cuando llegaba Primavera

no había un Dios que le amparaba.

Ella nunca sonreía

ni se miraba en un espejo;

ella lloraba cada día

y huía de su reflejo.

Sentía que perdía

la cabeza un poco más

al dar diez pasos adelante

y luego once hacia atrás.

Entonces llegó aquel momento

donde tuvo que enfrentarse

a la princesa de este cuento

y entonces, analizarse,

y al mirar por fin la tez

tan blanquecina de su rostro

pudo articular de una vez:

"¿Quién amaría a este monstruo?"

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