El pecado de mi carne que sucumbe a tentaciones
ya pasadas, olvidadas, siempre llenas de emociones;
brillo rojo, amargo y loco se desliza con ternura,
y prenderá la ígnea luz que ilumina mi noche oscura.
Mi faceta de apatía y de rabia desmesurada
se refleja en mi piel cuando ya no importa nada.
Vuela libre y afilada la llave de mi cordura,
que abre una puerta segura al carmín de la locura.
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